25/06/2020

Las 15 claves de la Tarragona medieval

By Xavi Mejuto
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  1. En tierra de nadie. La conquista musulmana de la Tarracona visigoda, hacia el año 713, supuso el inicio de un largo abandono para la ciudad, que se prolongó cuatro siglos hasta su recuperación, a inicios del s. XII. A menudo, desde la Córdoba califal, fuentes andalusíes mencionan la lejana Madinat Turtusa en referencia a la Tortosa musulmana, que había caído en el olvido. Asimismo, existen referencias literarias musulmanas de nuestra Madinat Tarkuna como una gran ciudad romana en ruinas y abandonada entre dos mundos.
  1. ¿Restos de una mezquita? Ni rastro. Es difícil justificar la presencia musulmana en Tarragona. Es aún más difícil hablar de su mezquita. Y lo que ya es totalmente descabellado es ubicarla en el lugar que ocupa hoy en día la Catedral. La Historia es una ciencia y no puede alimentarse ni de fantasías ni de deseos infundados. Es cierto que en el museo de la Catedral se expone un bello mihrab, ventana de una mezquita, pero procede de la ciudad palatina de Madinat al-Zahra, muy cerca de Córdoba, lugar declarado Patrimonio de la Humanidad en julio de 2018.  Hasta que la arqueología encuentre evidencias, de mezquita nada de nada. 
  1. La esperada recuperación. Tras cuatro siglos de vacío en tierra de nadie, la situación se decantó del lado cristiano. En el año 1129, el arzobispo de Tarragona —el barcelonés Oleguer— cedía la ciudad a un caballero normando llamado Robertus Aquileus a cambio de que hiciera efectiva su ocupación y la posterior repoblación. Robert d’Aguiló, como es conocido aquí, fue nombrado en marzo de ese mismo año Príncipe de Tarragona y con sus tropas, se hizo cargo de la situación de la nueva Tarragona. Culminaba así la restauración de la antigua sede arzobispal tras, al menos, cuatro intentos infructuosos.
  1. Conflictos entre el arzobispo y el príncipe. La situación en la nueva Tarragona empeoró para el noble normando a partir de la muerte del arzobispo Oleguer y el nombramiento del nuevo arzobispo Bernat Tort en 1146. Hombre de confianza del Conde de Barcelona, se estableció en la ciudad y su talante poco conciliador supuso el inicio de un largo periodo de conflictos entre el normando Robert y los arzobispos, que desembocó en una guerra entre facciones y el posterior exilio de la familia normanda en 1171. 
  1. La nueva Catedral. No iba a ser la primera catedral que se construía en Tarragona, si entendemos como catedral la cátedra o silla del arzobispo, aunque no se tratara de un templo religioso al uso. Ya las hubo antes, desde el inicio del Cristianismo en la clandestinidad hasta la llamada Santa Jerusalén bajo el dominio visigodo e incluso hubo una catedral provisional hasta el comienzo de las obras de la que conocemos hoy en día. El arzobispo Hug de Cervelló, que había sido asesinado a manos del hijo del príncipe Roberto, dejó en su testamento una buena suma de dinero para que se empezara a construir la nueva Catedral. El estilo que imprimieron aquellos tarraconenses a su catedral es conocido como románico.
  1. ¿Cómo era la nueva Tarragona medieval? Diminuta, en comparación con la gran ciudad de Tarraco. A finales del siglo XII, con una cuarta parte de las antiguas murallas reparadas, la ciudad estaba asegurada y se convertía en el centro del Campo de Tarragona. Sobre la gran explanada del antiguo foro provincial romano, se trazó una nueva retícula de calles medievales, mientras que el estamento eclesiástico se hacía fuerte en la cúspide de la pequeña ciudad, alrededor de la Catedral en construcción. El antiguo circo romano se convirtió en un arrabal destinado a la transacción de ganado y a actividades industriales. Y en el espacio que ahora ocupa la plaza del Ayuntamiento, se celebraban las justas y torneos para entretenimiento de la plebe.
  1. La conquista de Mallorca se decidió en Tarragona. Como siempre sucede, los navieros, comerciantes y magnates ejercieron presión sobre el poder político, en este caso real, para que solucionara un problema que perjudicaba sus negocios: la piratería. Piratería enemiga, claro está. El joven rey Jaume I fue convocado en noviembre de 1228 a una cena en un palacete civil de Tarragona para abordar la cuestión de la piratería. ¡Ni llegaron a los postres! Los comensales, entusiasmados con la aventura, extendieron mapas sobre la mesa, acordaron presupuestos y se repartieron el futuro pastel. En el Llibre del Feyts, el rey —ya anciano— recuerda la jornada en que la flota zarpó hacia tan memorable hazaña: “Blanca era la mar, pues tan grande era la flota”.    
  1. Judíos sí, pero desde la antigua Tarraco. Asociamos la existencia de  personas de fe judía a la Edad Media y con razón. Pero su presencia en la península se remonta a la Antigüedad, a los tiempos de los romanos. A consecuencia de las rebeliones de los judíos en Judea, los gobernantes romanos mandaron destruir el templo de Salomón y el pueblo judío sufrió una nueva diáspora. En el primer siglo de nuestra Era llegaron judíos deportados desde Oriente a Tarraco, así que es probable que el Judaísmo empezara a germinar en la Hispania romana. Las fuentes arqueológicas así lo afirman.
  1. La llegada de la reliquia de Santa Tecla. Procedente de la gran Armenia, la reliquia —nada más y nada menos que el antebrazo— llegó a nuestras costas en el año 1322 y fue trasladada a Constantí, donde permaneció hasta el año siguiente, mientras se ultimaba la gran procesión de entrada a Tarragona. Finalmente, el 18 de mayo de 1323, una procesión encabezada por la familia real, el arzobispo, obispos, abades y unas 12.000 personas hacía su entrada en la ciudad, lo que quedó immortalizado en un relato que incluye una bellísima descripción de las calles de Tarragona. Una década más tarde, otra gran celebración aconteció en la ciudad: la consagración de la Catedral en 1331.   
  1.  ¿Quién mandaba en la ciudad? Desde su refundación, Tarragona contó con un doble poder —un coseñorío— del arzobispo y del rey. El poder real era representado por el veguer reial, cargo que nunca podía recaer sobre un oriundo de la ciudad. Por otro lado, el máximo poder eclesiástico estaba encarnado por el arzobispo y los canónigos. La nobleza era escasa y la gran mayoría de la población estaba formada por una clase social muy variada, los ciudadanos. A este estamento pertenecía la Mà Major (grandes mercaderes y juristas), la Mà Mitjana (mercaderes y artesanos) y la Mà Menor (campesinos, pescadores y braceros). Finalmente, la parte baja de la sociedad estaba formada por mendigos, prostitutas y esclavos. Capítulo aparte es la comunidad judía, que a partir del s. XIII vivió en su mundo acotado dentro de la judería.  
  1. La Peste sacude Tarragona. En 1348, una bacteria procedente de Asia llamada Yersinia Pestis se fue introduciendo sigilosamente en Europa. Nuestra ciudad no quedó a salvo de la peste bubónica o Muerte Negra, que acabó con casi la mitad de sus habitantes. Solo habían pasado 17 años de la consagración de la Catedral y la Peste dejó la majestuosa fachada gótica marcada para siempre. Hoy en día, nadie dibujaría la silueta de Tarragona sin la fachada inacabada de la Catedral. La cúspide de la Catedral es un auténtico signo de identidad de la ciudad y cualquier intento de finalización de la fachada ha sido infructuoso. Nos gusta así. 
  1. Las infraestructuras de la ciudad. El abastecimiento de agua a la ciudad en la Edad Media fue un problema. Los canales romanos prácticamente habían  desaparecido y hubo que habilitar cisternas. En el año 1369, se excavó un profundísimo pozo  en el barrio del Corral. Un curso de agua artificial llamado Rec Major que derivaba del río Francolí servía para irrigar campos de cultivo y mover molinos cercanos al puerto. Tarragona, siempre conectada por mar con otros puertos mediterráneos, mantuvo desde el momento de la restauración importantes lazos comerciales.   
  1. Otra peste llamada guerra. Como veréis, a partir de este momento, en esta ciudad vamos casi a guerra por siglo. Por si las calamidades naturales —epidemias, sequías, hambrunas— fueran poco, las guerras siempre han añadido sufrimiento a la población de Tarragona. En esta ocasión, se enfrentaban dos Pedros, mejor dicho, un Pedro y un Pere. El reino de Castilla de Pedro el Cruel contra la Corona de Aragón de Pere el Cerimoniós. Y Tarragona no quedó a salvo del conflicto. 
  1. Y otra más. La guerra civil catalana.  Esta enfrentó a los partidarios de la Generalitat contra los partidarios del rey Juan II. La ciudad fue asediada y, por primera vez en su historia, bombardeada por la artillería de las tropas reales. Al segundo intento, las tropas reales consiguieron abrir una brecha en la Muralleta y la ciudad acabó rindiéndose el 2 de noviembre de 1462 a cambio de que el rey no entrara en la ciudad ni sus tropas la saquearan. Pese a ello, el conflicto supuso la ruina total para Tarragona  y sus efectos fueron patentes durante décadas.  
  1. Adiós a la Edad Media. Esta época, con nombre de estar por medio, ni fue tan sombría ni tan negra como la pintan. De hecho, nos legó algo imprescindible en nuestro calendario anual, la Fiesta de Santa Tecla, tal y como la conocemos hoy en día,  con un amplísimo seguicio popular liderado entonces por los gremios urbanos. Nuestro centro histórico, con su retícula de calles, proviene también de esta época medieval y no de la antigüedad romana. Algunos edificios, como el antiguo Hospital de Santa Tecla y, por supuesto, la magnífica Catedral, se mantienen casi intactos. Y por si fuera poco, conservamos grandes relatos como el que describe la llegada de la reliquia de Santa Tecla a Tarragona desde la lejana Armenia y un libro de cocina que data de 1331, el Llibre del Coch de la Canongia de Tarragona.  
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Xavi Mejuto
Guía de Cataluña nº 829. Xavi fundó Itinere en 1997 con tan solo 26 años y se siente orgulloso del equipo que ha ido creando estos años. Gran conocedor de Tarragona y de su historia, es feliz haciendo de anfitrión de su ciudad.

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